EL LEGADO EDUCATIVO DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA

                                         EL LEGADO EDUCATIVO DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA  

  David Camarillo.

Dicen que pueblo que olvida su historia, está condenando a seguir cometiendo los mismos errores del pasado, es por eso que es necesario conocer al menos, las nociones básicas reales de la historia de México, que aunque desde educación básica (preescolar, primaria y secundaria) con las clases de historia y civismo; efemérides, honores, fechas cívicas y libros de texto gratuitos, nos han hablado sobre la construcción de nuestro país, idealizado a héroes y heroínas; satanizando villanos y haciéndonos creer que los procesos o acontecimientos ocurrieron de determinada manera, muchas veces inverosímil.

Sucesos como la Conquista Española, Independencia, Niños Héroes, Intervención Francesa, Porfiriato y por supuesto la Revolución Mexicana,  han sido traslapados y mal dimensionados a través de los gobiernos posrevolucionarios principalmente, en donde nos han hecho creer en muchos mitos y leyendas, lo cual aunado al poco interés por la historia en general y lo memorístico y transmisivo de su enseñanza tradicional, no ha permitido conocer las consecuencias y aportes reales en distintos ámbitos, uno de ellos ha sido el ideal educativo que tuvo el proceso revolucionario de principios del siglo XX en México.

Hablar sobre la Revolución Mexicana inmediatamente nos recuerda a la lucha democrática de Madero para derrocar al dictador Díaz y su porfiriato, a la tierra y libertad de Zapata; a la lucha social y laboral de Villa y su división del norte, en fin, es uno de los acontecimientos en los que se mencionan un sinfín de sucesos, personajes, planes, ideales y traiciones sobre todo, puesto que es un conflicto que sabemos que inició el domingo 20 de noviembre a las seis de la tarde, pero que no se sabe, al menos no con certeza la fecha exacta en que llegó a su fin. Aclarar o argumentar el día de su culminación, es tema y materia para otro artículo y ocasión, pero ahora haremos énfasis en todo los cambios y construcción educativa que nuestro país sufrió, a raíz de la lucha revolucionaria, que en muchos lugares fue más bien una revuelta social, las razones la injusticia, el abuso, el hambre y sin lugar a dudas, aunque pocas veces mencionado; la ignorancia y el analfabetismo.

Antes de la Revolución Mexicana, durante el Porfiriato, la educación era de carácter elitista, es decir estaba al alcance exclusivamente de la clase media urbana y de los ricos, el analfabetismo para 1910 excedía de 80%, razón más que suficiente que una de las demandas de la Revolución, después de la tierra para los campesinos y de la libertad política, era el acceso la educación de todos los mexicanos (Guevara, 2002, p. 9)

Es indudable que la lucha revolucionaria trajo consigo innumerables cambios y beneficios en lo social, agrario, laboral, económico; en lo político y democrático sembró las bases del sistema político mexicano, aunque la democracia real tardaría casi un siglo en llegar. En el terreno educativo tardaría algunos años en empezar a verse la consolidación del sistema educativo mexicano.

La mayoría de estos cambios se vieron convertirse en ley y por ende hacerse obligatorios, (al menos en el papel) en la promulgación de la nueva Constitución de 1917, después de la etapa de guerra civil entre Convencionistas y Constitucionalistas, que fue la parte más sangrienta de la Revolución y que muchos historiadores, aunque no todos argumentan como el final del movimiento revolucionario. “Según el artículo 3° de la nueva Constitución de 1917, la educación elemental oficial sería laica y gratuita; el artículo 31 la declaró obligatoria” (Escalante Gonzalbo et al., 2010, p. 158).

Redactar y aprobar este artículo sin lugar a dudas desató una serie de acalorados debates, conflictos y dificultades para determinar el tipo de enseñanza que debía regir el nuevo proyecto de nación, el laicismo, cobertura, libertades y los permisos a particulares, fueron los temas centrales sobre la mesa, que, aunque quedaron bien definidos, seguirían generando conflictos en los años siguientes.

            El artículo tercero de la Constitución Política de 1917 quedó explícitamente de la siguiente manera:                                                                                                                                            

           La enseñanza es libre, pero será laica la que se dé en los establecimientos

            oficiales de educación, lo mismo que la enseñanza elemental y superior

que se imparta en los establecimientos oficiales. Ninguna corporación

religiosa o ministro de algún culto podrá establecer o dirigir escuelas de

instrucción primaria. Las escuelas primarias particulares sólo podrán

establecerse sujetándose a la vigilancia oficial. En los establecimientos

            oficiales se impartirá gratuitamente la enseñanza primaria                            (Constitución Política de México, Art. 3,1917).

El gobierno de Venustiano Carranza inició con las acciones necesarias para materializar lo que había quedado plasmado en el artículo de la materia educativa. De acuerdo a Solana et al., (2001) “lo primero que hizo Carranza fue dar cumplimiento a las disposiciones legales para que los ayuntamientos de todo el país se hicieran cargo de las escuelas elementales” (Pág. 151).  Inmediatamente se hizo notoria la incapacidad de los municipios a organizar y administrar la educación elemental, por lo que se tuvo que recurrir a la iniciativa privada y el clero para que cooperara con apoyo al servicio educativo. La crisis económica después de varios años de lucha armada, aunado a los continuos problemas y el desorden que existía a lo largo y ancho del país, se dice que había poblaciones rurales en los que no se sabía de la Revolución y Constitución, razones suficientes para no realizar grandes avances educativos durante el gobierno del presidente Carranza, que terminaría traicionando y asesinado en la lucha por la sucesión presidencial de 1920.

A principios del siglo XX, surge en los Estados Unidos, de la mano del pedagogo John Dewey y otros más, la corriente o modelo educativo de la Escuela Nueva, lo cual se empezaría a difundirse por el mundo y a nuestro país también llegarías esas teorías y corrientes Psicologías y Pedagógicas. En 1920 Álvaro Obregón asume la presidencia de la República e inicia una época de mayor estabilidad política y económica y aunque los conflictos y pequeñas guerrillas no acabarían completamente, ya se podría reorganizar al país en algunos de los ámbitos más importantes, como lo es la educación.

El presupuesto económico empezaría a surgir gracias al recurso natural del petróleo, que en esos años empezaría a ser considerado como un producto estratégico mundial. Todavía durante el mandato del presidente interino Adolfo de la Huerta en 1920, es nombrado rector de la UNAM, un personaje que sería trascendental en la historia de la educación en México, nos referimos a José Vasconcelos Calderón. De Acuerdo a Escalante Gonzalbo (2010) Tras el asesinato de Carranza, Adolfo de la Huerta, cuyo breve gobierno representó un puente entre la lucha revolucionaria y la reconstrucción del país” (p. 160).

El 20 de julio de 1921, Álvaro Obregón restablece la Secretaría de Instrucción Pública y Bellas artes, que en 1917 Carranza había suprimido, y con el apoyo de toda la ideología revolucionaria educativa que Vasconcelos tuvo, se crea el decreto para finales de septiembre de 1921, la creación de la nueva Secretaría de Educación Pública (SEP), que el pasado mes de octubre de 2021, celebraría su primer centenario.  Larroyo (1967) Menciona que:

            José Vasconcelos ocupó la Cartera de Educación de octubre de 1921 a julio de 1924. Su gestión educativa tuvo un resuelto sentido social. Combatió el analfabetismo, multiplicó las escuelas elementales, creó escuelas técnicas destinadas a la capacitación de obreros calificados, promovió el establecimiento de las es- cuelas agrícolas y, en general, fomentó la educación rural (normales rurales, misiones culturales, etc.) (p. 497)

La educación rural buscando alfabetizar a la mayoría de la población que en ese momento histórico en su mayoría eran analfabetas, además de un carácter de educación de carácter social, con una pedagogía activa tal como lo postulaba Dewey y su escuela nueva, buscando educar para el trabajo, serían sus principales ideales. Una escuela de acción, que serían las bases de la educación durante el gobierno del General Obregón.  “En 1921 de la población nacional 85% era rural y sólo 15% urbana, de ahí la importancia de este tipo de educación en esta etapa” (Guevara, 2002, p. 11)

En el marco de esta gran campaña de alfabetización del México Posrevolucionario, surgirían las Misiones Culturales, que eran grupos de expertos con muy diversos conocimientos y habilidades desde economía doméstica, agricultura, música, arte, educación física y asignaturas académicas como aritmética, lectura, sociales y ciencias exactas. además de llevar a cabo la tarea de alfabetizar y civilizar a la población rural, los misioneros capacitaron a los llamados Maestros Rurales, que continuarían con la encomienda de llevar la educación hasta el rincón más alejado del país.  Cabe señalar que las misiones culturales continuarían durante todo el siglo XX y hasta principios de este nuevo milenio, aun las podíamos encontrar en los pueblos, villas y municipios rurales, principalmente con clases de música (guitarra), teatro, oficios básicos y artes plásticas.

Durante el gobierno de Plutarco Elías Calles y durante todo el Maximato (1924-1934) surgirían nombres como Rafael Ramírez y Moisés Sáenz, y se pondría un mayor acento en la educación como pilar de un programa económico nacionalista y de desarrollo rural, se promovería la enseñanza técnica y mayor énfasis a la capacitación para el trabajo. “Moisés Sáenz, subsecretario de Educación por casi diez años, había sido discípulo del creador de dicha pedagogía, el estadounidense John Dewey, en Teachers College, de la Universidad de Columbia, visitado también por otros educadores, entre ellos Rafael Ramírez” (Escalante Gonzalbo 2010, p. 166).

Surgiría la necesidad de la formación docente, que, durante el inicio de las campañas de alfabetización, con el simple hecho de saber leer y escribir, ya se podría ser maestro y enseñar, se exigía al menos el 4° grado de primaria o esta última concluida, pero era tanto la urgencia de profesores que la mayoría no la terminaba. Se crearían algunas escuelas normales rurales como la de Tacámbaro Michoacán, cabe señalar que la creación de las mismas, data desde el siglo XIX cuando era muy popular la enseñanza lancasteriana, pero tendrían más auge en los gobiernos posrevolucionarios.

Como parte del gran legado educativo revolucionario, es importante mencionar la inclinación hacía una educación socialista, que sí bien es cierto sería hasta la Presidencia de Lázaro Cárdenas donde tendría más auge, sería durante el mandato de Calles y todo el Maximato, en donde se sentarían las bases.  “Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas del Río (1934-1940) se puso en vigor la reforma educativa que implantó la educación socialista en México, con base en las reformas que se hicieron al Artículo 3º constitucional” (Montes de Oca, 2007).

De acuerdo a Latapí Sarre (1998), Cárdenas ni sus secretarios de Educación aclararon o detallaron el significado o contenido socialista, sin embargo, su política económica y agraria que alentaba la colectivización de los medios de producción y el papel organizador del estado en ellos y en la economía, tenía congruencia y sentido con su orientación socialista. Esta orientación educativa alentaba la capacitación para el trabajo, los valores colectivos y solidarios, el carácter popular de la educación, el carácter científico de la misma y la lucha contra dogmas y fanatismos, lo que continuo el descontento de la comunidad religiosa.  

De fondo el presidente Cárdenas preparaba el escenario para el inminente proceso de industrialización y modernización que empezaría en los 40´s, que terminaría de transformar a México de un país rural a uno urbano y que continuaría con grandes cambios sociales, económicos, políticos, culturales y de diversa índole a lo largo de todo el siglo XX, sin lugar a dudas la educación posrevolucionaria jugaría un papel preponderante en el país que tenemos hoy en día.

 

Cómo citar este artículo de acuerdo a APA 7ª ed.

Camarillo, D. (20 de noviembre de 2022). El legado educativo de la Revolución Mexicana. REVISTA LIBRE CAMRAEDU (TEMAS EDUCATIVOS Y PEDAGÓGICOS). https://revistacamraedujdcr.blogspot.com/2022/11/el-legado-educativo-de-la-revolucion.html 

Referencias Bibliográficas

Constitución Política de México [Const]. Art. 3. 5 de febrero de 1917 (México).

Escalante Gonzalbo, P. (2010). Historia mínima de la educación en México. El Colegio de México.

Guevara Gonzáles, I. (2002). La educación en México; Siglo XX, UNAM-Porrúa.

Larroyo, F. (1967). Historia comparada de la educación en México, (8ª ed.), Porrúa.

Latapí Sarre, P. (coord.). (1998). Un siglo de educación en México, tomo I. Biblioteca Mexicana /Consejo Nacional para la Cultura y las Artes/ Fondo de Cultura Económica.

Montes de Oca, E. (2007). La educación en México. Los libros oficiales de lectura editados durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, 1934-1940. Horizontes, vol. XXIX, núm. 117, p.111. https://www.scielo.org.mx/pdf/peredu/v29n117/v29n117a6.pdf

Solana, F., Cardiel, R. y Bolaños, R., (2001) Historia de la Educación Pública en México (1876-1976), (2ª ed.), Fondo de Cultura Económica y SEP.

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